martes, 27 de noviembre de 2018

COMO UN AGUACERO






Sí, algo le falta a mis manos. Tú lo sabes.
Tal vez la ternura de ese niño
que vive a la intemperie
y sabe que no se le cumplirán los tres deseos.
Lo he visto pintar océanos donde no hay orillas,
guardar sus tesoros de cartón
donde nadie lo espera.



Lo he visto seguir dando vueltas
por este sucio bulevar
con un hervor  de  ausencias
en su pecho,
como si estuviera perdido en un campo de maíz,
preguntándose la causa del vacío,
el porqué de la grieta en el paraguas
prostituyendo  su futuro.
Nunca sabrá cuantas personas
estábamos dispuestas a quererlo.




Entonces caigo en la cuenta
que no siempre hay un lugar
para todos en la vida.
Y que la verdad se disuelve
entre dos golpes en sol mayor.
Por eso siempre regresas a mi casa
y me dejas descansar sobre tu hombro
con la intención de dejar atrás,
hombres y mujeres con ojos
que husmean su presa.  



Yo me quedo en los campos del olvido
con mis trenes de papel sobre el viento.
Pero ningún territorio está tan lejos  
del bisturí de la zancadilla…



Tú lo sabes, algo le falta a mis manos,
algo como un aguacero
y su run run de amapolas.
Ese lugar común que te salva
estremeciendo trigales
cuando la voz no alcanza
y nos hace caminar por una calle

donde no ha pasado nadie.



De mi libro Trs Vueltas de Llave
Julia Hernández
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2 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Ese niño que vive en la intemperie se ha comido el poema.
Avanzo y vuelvo al niño, sigo leyendo y vuelvo al niño, intento desentrañarte y vuelvo al niño...
No sé cuántas personas están dispuestas a quererlo... pero hay tantas vidas rotas de pocos años que sólo puedo concluir en el fracaso de la humanidad.

Sigo leyendo tu poema entre aguaceros y run run de palomas y me los llevo a mi reino del olvido.

Besos.

delfin en libertad dijo...

Así es Toro, hemos fracasado. Gracias por tu compañía siempre. Besos !