domingo, 28 de julio de 2019

FRIO INVENTARIO




Después de tu partida
quedaron claros los índices de mi devaluación,
las horas se alargaron y los atardeceres
se fueron descolgando en congeladas manías.
Ya no se registran tus pasos que vinieron de muy lejos.



Después de tu partida
el sitio del entusiasmo
tuvo una crónica en reversa del amor,
como un abismo de peces sin océano
donde se anota el olvido sin parecer un naufragio.



Y sobre mi escritorio quedó  este poema
en una balanza de incendios,
como un canto que se forma al fuego y se deforma
en una escena insostenible,
casi una malversación contra la propiedad privada,
en un inventario mareado por recuerdos.



De mi libro Cuerdas Contra el Viento
Julia Hernández
2017



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jueves, 24 de enero de 2019

POESÍA





Cordialmente invitados !!!
31 de enero: Día Nacional de la poesía, 7pm
Teatro Eugene O´Neill, Los Yoses
Costa Rica





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martes, 27 de noviembre de 2018

COMO UN AGUACERO






Sí, algo le falta a mis manos. Tú lo sabes.
Tal vez la ternura de ese niño
que vive a la intemperie
y sabe que no se le cumplirán los tres deseos.
Lo he visto pintar océanos donde no hay orillas,
guardar sus tesoros de cartón
donde nadie lo espera.



Lo he visto seguir dando vueltas
por este sucio bulevar
con un hervor  de  ausencias
en su pecho,
como si estuviera perdido en un campo de maíz,
preguntándose la causa del vacío,
el porqué de la grieta en el paraguas
prostituyendo  su futuro.
Nunca sabrá cuantas personas
estábamos dispuestas a quererlo.




Entonces caigo en la cuenta
que no siempre hay un lugar
para todos en la vida.
Y que la verdad se disuelve
entre dos golpes en sol mayor.
Por eso siempre regresas a mi casa
y me dejas descansar sobre tu hombro
con la intención de dejar atrás,
hombres y mujeres con ojos
que husmean su presa.  



Yo me quedo en los campos del olvido
con mis trenes de papel sobre el viento.
Pero ningún territorio está tan lejos  
del bisturí de la zancadilla…



Tú lo sabes, algo le falta a mis manos,
algo como un aguacero
y su run run de amapolas.
Ese lugar común que te salva
estremeciendo trigales
cuando la voz no alcanza
y nos hace caminar por una calle

donde no ha pasado nadie.



De mi libro Trs Vueltas de Llave
Julia Hernández
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sábado, 6 de octubre de 2018

MISS EMILY












































Los recuerdos danzan como acróbatas
sobre el viejo corredor de madera,
cuando jugaba en aquellas tardes
con los patines,  la rayuela,
o girando entre hileras de caracolas,
icacos y uvas de mar
junto al olor primordial del bulto de cuero
y los lápices de color.


Mientras, la música de Walter Ferguson
se abre paso por las rendijas
de la antigua casa,
desmontando las paredes del olvido
con su cadencia de tambores,
tomillo, brisa  y sal,
que enciende los acordes del calipso
en tantas venas.


Y entre todas esas cosas,
aquella  fotografía de mi infancia,
con miss Emily.


Ella  llegaba con su paso ligero,
segura de su destino,
como una orquesta de mar,
dando una serenata de ella misma.
Miss Emily seguirá ahí,
por aquellas aceras calientes de Puerto Limón,
en la fertilidad del recuerdo,
sentada en la esquina de aquella pulpería del chino Arturo.


Seguirá ahí,
con sus brazos negros y generosos,
acurrucando el zumo cálido de mi tiempo.
Ella ordenaba en una palangana limpísima,
caimitos,yuplones, jobos, que yo compraba.
No hacía falta más:
era todo el mundo que yo no tenía.



La mujer del vestido claro,
la del sombrero deshilachado,
cambiaba mi soledad
por un instante de permanencia frutal.




De mi libro Boleto al Caribe
Julia Hernández
2018


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viernes, 13 de julio de 2018

BOLETO al CARIBE

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Todos cordialmente invitados.
La entrada es gratuita.







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lunes, 4 de junio de 2018

BARRIO SIN NOMBRE



Puerto Limón- Costa Rica





Me ha herido la vida con sus garras
pero insisto en seguir
como la guerrera que soy.
Mía Gallegos




En mi vecindario el ruido
era  el roce de un blues,
abrasivo y penetrante.
Un toque musical
que trasladaba de sitio las puertas
y las ventanas de ese barrio.


Aquella calle ancha y sorda,
reinventaba el mejor escenario.
Ahí se desvestían, precarias, las ilusiones.
Los niños crecíamos mascando la indiferencia
donde ronca el pavimento sus ocasos.



Nos rebelábamos en fantasías:
ser piratas en un mar y otro.
La marea mecía  nuestros cuerpos
al filo de las rocas,
como si fuéramos un pincel en las manos del océano,
para volver de algún sitio donde las carencias
eran invisibles.
Y así, finalmente,
reparar las bisagras de los sueños.



Afuera, mientras jugábamos,
la vida movía sus aromas por los
patios comunales del vecindario.
El olor acalorado del chile panameño y del jengibre
viajaron desde otros países hasta puerto Limón,
como si cargaran un lenguaje
donde la brisa parecía decir algo,
entre las hojas de plátano y ñampí,
hasta mezclarse en el aire
con el olor del arroz cantonés
en una columna de hermandad.



El barrio sin nombre
tenía algo en común con aquellos niños.
Un nombre que no se concretó en ningún registro.
Los “hijos naturales” éramos como ese barrio:
una lista aparte
con un desmantelamiento escolar                                            
 a la vista de todos.
Un arrecife que la arena se tragó por la vergüenza.
Pero juntos nos consolábamos cada mañana
con el abrazo tibio de sus calles
y el deseo indestructible de inventarnos otro mundo.



*Los hijos naturales son los nacidos fuera del matrimonio
 y no llevan el apellido del padre. Era así hace años.

Julia Hernández
De mi libro Boleto al Caribe
2018

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viernes, 16 de marzo de 2018