Me quedo
en el costado del silencio,
la rama se inclina
sobre nubes y malvas lejanías.
Palpo la música
en cada poro de la brisa.
Alardea el azul...
en una carrera de murmullos.
Temblor inmóvil
que abre la puerta de esta casa
como si fuera lluvia subsecuente
maniatando lo desposeído.
Dibuja el viento
la niña que nunca fui.
El agua bordea, arrastra lejos
genes y vertientes
con su perfil de acero.
Se aviva la respuesta
que me habita.
Sonrío ante mi propia levedad.






