sábado, 6 de octubre de 2018

MISS EMILY












































Los recuerdos danzan como acróbatas
sobre el viejo corredor de madera,
cuando jugaba en aquellas tardes
con los patines,  la rayuela,
o girando entre hileras de caracolas,
icacos y uvas de mar
junto al olor primordial del bulto de cuero
y los lápices de color.


Mientras, la música de Walter Ferguson
se abre paso por las rendijas
de la antigua casa,
desmontando las paredes del olvido
con su cadencia de tambores,
tomillo, brisa  y sal,
que enciende los acordes del calipso
en tantas venas.


Y entre todas esas cosas,
aquella  fotografía de mi infancia,
con miss Emily.


Ella  llegaba con su paso ligero,
segura de su destino,
como una orquesta de mar,
dando una serenata de ella misma.
Miss Emily seguirá ahí,
por aquellas aceras calientes de Puerto Limón,
en la fertilidad del recuerdo,
sentada en la esquina de aquella pulpería del chino Arturo.


Seguirá ahí,
con sus brazos negros y generosos,
acurrucando el zumo cálido de mi tiempo.
Ella ordenaba en una palangana limpísima,
caimitos,yuplones, jobos, que yo compraba.
No hacía falta más:
era todo el mundo que yo no tenía.



La mujer del vestido claro,
la del sombrero deshilachado,
cambiaba mi soledad
por un instante de permanencia frutal.




De mi libro Boleto al Caribe
Julia Hernández
2018


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