jueves, 31 de marzo de 2016

POEMA A PIGMALIÓN
























Nunca estuve a la altura de tu Galatea.
Conocerte, Pigmalión, desató en mi vida
un campo minado,
que recorrí fuera del confort
del mármol.



Sin embargo, en tu museo de piedra
fui un contrato sin promesas.
Ahí conservas la perversa costumbre
de olvidar
el éxodo desvergonzado
de la primavera.



Ahí donde las dalias apenas son amables
y se inclinan en caída libre
ante el galanteo en la ventana;
desde donde Dios nos mira
con el dulzor melancólico de los despojados.



Aquel día, al buscar tu Galatea,
subiste a ciegas hasta el templo de cristal.
Llegaste hasta la calle resbaladiza de su nombre
y saliste en defensa de imposibles odiseas
Esculpiste la herida entre la tarde
y fue inmensa la fantasía en tus olivos.
Entonces aferraste los dedos al teclado
con el cincel y la navaja,
para escribir esta carta
que hoy recibo.




La leí a solas en la calle.
Vagué sombreada
entre el humo furioso de los autobuses,
en medio del verde sin semáforo.
Apenas pude sostenerme
del frío ensordecedor
que viaja ahora
en todos los eneros
y deshace en lluvia mi inventiva.



Julia Hernández
De mi libro Tres Vueltas de Llave
2015




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